Hay quienes hacen música para entretenerse y hay quienes la hacen para recordarle al mundo de dónde viene todo. César Orozco pertenece al segundo grupo. En “Mi Son Tiene Saoco”, el pianista y cantante cubano-venezolano sale a defender una verdad que algunos parecen haber olvidado: la salsa nació del son, y ese son tiene apellidos —nengón, kiribá, changüí— que merecen nombrarse en voz alta. El resultado es un sencillo de esos que suenan a raíz y a convicción al mismo tiempo, con las trompetas de Raúl Agraz encendiendo la pista, la percusión de Jhair Sala empujando sin parar y los coros del venezolano Marcial Istúriz dándole al tema ese calor humano que ninguna máquina puede fabricar. Álvaro Benavides se roba un momento propio con su solo de bajo. Orozco lo escribe, lo arregla, lo produce y lo canta: un hombre con una idea clara y los músicos indicados para llevarla adelante.
César Orozco lleva décadas construyendo un camino que no sigue modas. Nacido en Cuba en 1980, se formó en La Habana y en 1998 cruzó el Atlántico para unirse a la Orquesta Sinfónica de Carabobo en Venezuela, donde pasó catorce años forjando una carrera envidiable junto a figuras como Guaco, Gilberto Santa Rosa y Luis Enrique. Desde que aterrizó en Nueva York en 2015, ha participado en más de 80 discos y acumula una discografía propia que incluye títulos como Son con Pajarillo, Ébano y Marfil y No Limits for Tumbao. El año pasado llegó el reconocimiento mayor: el Grammy Latino al Mejor Arreglo por “Camaleón”, confirmando lo que su círculo sabía desde hace tiempo. SonAhead, su banda actual, es la plataforma desde la que ahora lanza esta pequeña gran proclama salsera. “Mi Son Tiene Saoco” no es nostalgia —es identidad.






