Verny Varela: el salsero académico que conecta Cali con Washington

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Verny Varela es el embajador cultural que Washington DC necesitaba: un músico nacido en el Barrio Obrero de Cali con un doctorado en Estudios Africanos de la Universidad de Howard, quien ha convertido la capital estadounidense en un epicentro emergente de la salsa colombiana. Con cuatro álbumes, colaboraciones con leyendas de la Fania All Stars, y una residencia mensual en Bossa Bistro, Varela representa algo poco común en la música latina: un artista que comprende tanto el sabor callejero de la salsa como las raíces africanas que la sustentan. Su historia importa porque demuestra que la música afrolatina es simultáneamente arte popular y objeto de estudio académico, práctica cultural y resistencia política.

Nacido en 1970 en uno de los barrios más emblemáticos de Cali —la capital mundial de la salsa—, Varela creció literalmente rodeado de música. Su padre, Hernando Varela, fue vocalista y fundador de agrupaciones como La Sonora Juventud en los años cincuenta, junto a los tíos de Verny, Armando y James Córdoba. “Mi padre decía que un cantante desafinado, es la muerte”, recuerda Varela en una entrevista con Westchester Hispano. “Él cantaba todo el tiempo a capella para afinar”. Esta disciplina temprana, combinada con la efervescencia musical del Barrio Obrero, forjó no solo a un cantante, sino a un músico completo: arreglista, compositor, flautista y pianista.

De Cali al mundo: una trayectoria construida con maestros

La carrera de Varela está marcada por encuentros con figuras legendarias del género. En 1996, todavía en Colombia, cantó junto a Ismael Miranda, Adalberto Santiago y Pete “El Conde” Rodríguez, miembros de los Fania All Stars. Un año después se convirtió en director de la Gabino Pampini Band, pero el momento que definió su formación llegó entre 1997 y 1999, cuando fue corista de Tito Gómez durante giras por Europa y Estados Unidos. “Tito Gómez era un músico muy generoso, porque nos dejaba cantar como solista… él me hacía los coros, imagínate tú, tener el privilegio de que Tito Gómez sea tu corista”, relata Varela con evidente emoción.

Ese mismo período lo llevó a acompañar la orquesta de su padre a festivales patronales en el Valle del Cauca y la costa del Pacífico colombiano, en lugares como Guapí, El Charco y Buenaventura. Esa inmersión en la música del Pacífico —especialmente el currulao— se convertiría años después en el eje de su investigación doctoral.

Washington DC como laboratorio cultural

Alrededor del año 2000, Varela se estableció en Washington DC y comenzó estudios de posgrado en la Universidad de Howard, la institución más importante para afroamericanos en Estados Unidos. “Fue algo que me ayudó mucho a ser más consciente de ese concepto de la identidad… era muy importante conocer quiénes somos, de dónde venimos”, explica. Obtuvo una maestría en Estudios Afrohispánicos y un doctorado en Filosofía en Estudios Africanos, con una tesis sobre el currulao como música de resistencia de las comunidades afrocolombianas marginalizadas.

Su investigación no es solo académica: Varela viajó a Senegal en 2020 como parte de un seminario de desarrollo docente del CAORC, donde estudió las conexiones entre la música de África Occidental y América Latina. Trajo consigo un balafón —el xilófono sagrado de África Occidental— para mostrar a sus estudiantes su similitud con la marimba del Pacífico colombiano. “Estudio la influencia de la cultura de África Occidental en América Latina, y el seminario fue una enorme oportunidad para experimentar la cultura y música africana cara a cara”, escribió en un ensayo publicado por Howard University.

El puente sonoro: cuatro álbumes y colaboraciones estelares

La discografía de Varela documenta su evolución artística. Su debut, “Amar de Nuevo” (2004), fue incluido en la lista de mejores álbumes tropicales de 2005 de los Latin Grammy, con éxitos como “Matilde” y “He Vuelto Amar” que sonaron en Cali y recibieron excelentes críticas en Italia y Alemania. Su segundo trabajo, “Gracias” (2006), es completamente original —todas las composiciones llevan su firma— y explora temas sociales con profundidad poco común en la salsa. “Pa’l mundo” saluda a audiencias internacionales en inglés, francés, italiano y japonés; “Yo soy Latino” narra la historia de la inmigración en español e inglés; y “El Soldado X”, en ritmo de currulao 6/8, aborda el costo humano de la guerra.

“Evolución” (2012) y “La Rumba No Se Acaba” (2019) consolidaron su sonido, este último grabado entre Colombia, Estados Unidos, Venezuela y España con músicos de primer nivel como Luisito Quintero en percusión y Rubén Rodríguez en bajo, el legendario bajista que grabó más de 250 álbumes con Celia Cruz, Tito Puente, Rubén Blades y Marc Anthony.

Pero quizás su colaboración más sorprendente sea con Thievery Corporation, el dúo de trip-hop y acid jazz de Washington DC nominado al Grammy. Varela escribió y cantó en tres de sus álbumes —”The Richest Man in Babylon” (2002), “The Cosmic Game” (2005) y “Radio Retaliation” (2008)—, llevando la salsa colombiana al mundo de la música electrónica con canciones como “Exilio”, sobre la experiencia migratoria: “hemos salido de nuestra tierra / huyendo de los problemas / corriendo de las balas / buscando mira / una oportunidad / pa mejorar”.

En 2002 grabó con la legendaria Orquesta Broadway de Nueva York en su CD “40 Aniversario”, bajo la dirección del maestro Eddy Zervigón, quien le dio consejos invaluables sobre la flauta. Varela incluso vivió un momento inolvidable tocando un solo de flauta para Celia Cruz mientras ella cantaba “Guantanamera” entre bastidores.

El arquitecto de la salsa en la capital estadounidense

Cada primer jueves del mes, Verny Varela y su banda —teclado, bajo, congas, timbales y trombón— se presentan en Bossa Bistro, en el corazón de Washington DC. Esta residencia mensual, junto con actuaciones en el Kennedy Center, la Biblioteca del Congreso, el Lincoln Memorial y múltiples museos Smithsonian, ha consolidado a Varela como figura central de la escena salsera de DC. “Una de las razones por las que Washington DC está emergiendo como una capital mundial de la salsa”, señalan críticos musicales.

Su impacto trasciende lo artístico. Como profesor en el Instituto del Servicio Exterior del Departamento de Estado y en la Universidad de Howard durante más de 20 años, Varela ha formado a generaciones de estudiantes en español, cultura afrolatina y las conexiones diaspóricas africanas. Ha participado como panelista en eventos sobre justicia migratoria y derechos humanos colombianos, y trabaja activamente con organizaciones como Poder del Pueblo DC en temas que afectan a las comunidades afrocolombianas desplazadas.

Tres veces nominado a los premios Wammie de la Washington Area Music Association, reconocido en el Festival Colombiano Internacional de la Universidad Católica en 2021, y con presentaciones en el Festival Mundial de Salsa tanto en Lima (2020) como en Cali (2022), Varela ha construido un puente cultural tangible entre su ciudad natal y su hogar adoptivo.

El legado de un educador salsero

“Mi meta es escribir un libro sobre la salsa en Washington DC, un proyecto grande”, reveló Varela en una entrevista de 2025. Esa ambición resume su doble naturaleza: documentar académicamente lo que practica artísticamente. Sus composiciones abordan el amor, la inmigración, la guerra y la identidad latina con letras sofisticadas respaldadas por arreglos impecables que honran la tradición del Barrio Obrero mientras incorporan elementos de jazz latino, currulao y otros ritmos colombianos.

En una era donde la salsa a menudo se comercializa sin contexto histórico, Varela insiste en las raíces. Su investigación sobre el currulao como música de resistencia no es ejercicio teórico, sino urgencia personal: mostrar cómo las expresiones culturales afrocolombianas han sobrevivido décadas de marginación. Cada vez que toca la flauta en sus conciertos mensuales, cada vez que enseña a sus estudiantes sobre las conexiones entre el balafón y la marimba, está cumpliendo la misma función que la música cumplió para sus ancestros: resistir el olvido.

Verny Varela representa la tercera generación musical de su familia —después de su abuelo y su padre— pero es el primero en llevar ese legado más allá de las presentaciones en vivo hacia la academia y la investigación formal. Al hacerlo, ha demostrado que no existe contradicción entre el rigor intelectual y el sabor de barrio, entre el doctorado y la pista de baile. En Washington DC, lejos de las calles de Cali pero profundamente conectado a ellas, Varela continúa su labor: hacer que la salsa suene, que se baile, que se entienda, y que se preserve como el patrimonio afrolatino que es.